Posteado por: Fenix | 25 Diciembre 2009

Un mundo feliz

- Entonces, ¿usted cree que Dios no existe? –preguntó el Salvaje.

- No, yo creo que probablemente existe un dios.

- Entonces, ¿por qué…?

Mustafá Mond le interrumpió.
- Pero un dios que se manifiesta de manera diferente a hombres diferentes. En los tiempos premodernos se manifestó como el ser descrito en estos libros. Actualmente…

-¿Cómo se manifiesta actualmente? –preguntó el Salvaje.

- Bueno, se manifiesta como una ausencia; como si no existiera en absoluto.

- Esto es culpa de ustedes.

- Llámelo culpa de la civilización. Dios no es compatible con el maquinismo, la medicina científica y la felicidad universal. Es preciso elegir. Nuestra civilización ha elegido el maquinismo, la medicina y la felicidad. Por eso tengo que guardar estos libros encerrados en el arca de seguridad. Resultan indecentes. La gente quedaría asqueada si…

El Salvaje interrumpió.
- Pero, ¿no es natural sentir que hay un Dios?

- Pero la gente ahora nunca está sola –dijo Mustafá Mond-. La inducimos a odiar la soledad; disponemos de sus vidas de modo que casi les es imposible estar solos alguna vez.

(…)

- Si ustedes se permitieran pensar en Dios, no se permitirían a sí mismos dejarse degradar por los vicios agradables. Tendrían una razón para soportar las cosas con paciencia, y para realizar muchas cosas con valor. He podido verlo así en los indios.

- No lo dudo –dijo Mustafá Mond-. Pero nosotros no somos indios. Un hombre civilizado no tiene ninguna necesidad de soportar nada que sea seriamente desagradable. En cuanto a realizar cosas, Ford no quiere que tal idea penetre en la mente del hombre civilizado. Si los hombres empezaran a obrar por su cuenta, todo el orden social sería trastornado.

- ¿Y en qué queda entonces la autonegación? Si ustedes tuvieran un Dios, tendrían una razón para la autonegación.

- Pero la civilización industrial sólo es posible cuando no existe la autonegación. Es precisa la autosatisfacción hasta los límites impuestos por la higiene y la economía. De otro modo las ruedas dejarían de girar.

-¡Tendrían ustedes una razón para la castidad! –dijo el Salvaje, sonrojándose ligeramente al pronunciar estas palabras.

- Pero la castidad entraña la pasión, la castidad entraña neurastesia. Y la pasión y la neurastesia entrañan inestabilidad. Y la inestabilidad, a su vez, el fin de la civilización. Una civilización no puede ser duradera sin gran cantidad de vicios agradables.

- Pero Dios es la razón que justifica todo lo que es noble, bello y heroico. Si ustedes tuvieran un Dios…

- Mi joven y querido amigo –dijo Mustafá Mond-, la civilización no tiene ninguna necesidad de nobleza ni de heroísmo. Ambas cosas son síntomas de ineficacia política. En una sociedad debidamente organizada como la nuestra, nadie tiene la menor oportunidad de comportarse noble y heroicamente. Las condiciones deben hacerse del todo inestables antes de que surja tal oportunidad. Donde hay guerras, donde hay dualidad de lealtades, donde hay tentaciones que resistir, objetos de amor por los cuales luchar o que defender, allá, es evidente, la nobleza y el heroísmo tienen algún sentido. Pero actualmente no hay guerras. Se toman las precauciones posibles para evitar que cualquiera pueda amar demasiado a otra persona.

>> No existe la posibilidad de elegir entre dos lealtades o fidelidades; todos están condicionados de modo que no pueden hacer otra cosa más que lo que deben hacer. Y lo que uno debe hacer resulta tan agradable, se permite el libre juego de tantos impulsos naturales, que realmente no existen tentaciones que uno deba resistir. (…)

- Lo que ustedes necesitan –prosiguió el Salvaje- es algo que requiera de lágrimas, para variar. Aquí nada cuesta lo bastante.

>> Atreverse a exponer lo que es mortal e inseguro, el azar, la muerte y el peligro, aunque sólo sea por una cáscara de huevo… ¿No hay algo en esto? –preguntó el Salvaje, mirando a Mustafá Mond-. Dejando aparte a Dios, aunque, desde luego, Dios sería una razón para obrar así. ¿No tiene su hechizo el vivir peligrosamente?

- Ya lo creo –contestó el Interventor-. De vez en cuando hay que estimular las glándulas suprarrenales de hombres y mujeres.

- ¿Cómo? –preguntó el Salvaje, sin llegar a comprender.

- Es una de las condiciones para la salud perfecta. Por eso hemos impuesto como obligatorios los tratamientos de S.P.V.

- ¿S.P.V.?

- Sucedáneo de Pasión Violenta. Regularmente una vez al mes. Inundamos el organismo con adrenalina. Es un equivalente fisiológico completo del temor y la ira, sin ninguno de sus inconvenientes.

- Es que a mí me gustan los inconvenientes.

- A nosotros, no –dijo el Interventor-. Preferimos hacer las cosas con comodidad.

- Pues yo no quiero comodidad. Yo quiero a Dios, quiero poesía, quiero peligro real, quiero libertad, quiero bondad, quiero pecado.

Extracto de “Un Mundo Feliz”, de Aldous Huxley, 1932


Respuestas

  1. Sin palabras. O quizá no…
    ¿Dios?¿Pecados?¿Tentaciones? ¿Individualismo o necesidad?

    Yo sufro la impotencia, la ira, el mayor odio, el de uno mismo, la felicidad, las tentaciones, el amor sin frenos y los frenazos del coche, el dolor y el pánico. Olvido mis miedo y me tiro a vacíos con brazos abiertos. Con o sin Dios, el hombre se necesita a él con todos sus estímulos y son éstos los que faltan. Nos dejamos acomodar y no paramos eso de acostumbrarnos. Aunque la prevención es otra de nuestras armas, supervivencia.

    Un poco de ambos, en el término medio.


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